Hado

Silabeé mi fortuna
y el viento moduló tu nombre.

Tras su desencuentro,
trajinó por la vida
con talante de infortunio.

La omnipresente ausencia
de su amada
lo dejó sin armadura.

Él, la convirtió en poesía,
ella, lo convirtió
en esclavo de las letras.

Se empatizó
con el llanto de las nimbus,
tratando de enjugar su alma
mas no fue suficiente.

La pequeña grieta
que dejó su partida
se convirtió en un abismo.

De aquella escarpadura
reverberaba un eco incesante:

Ella está predestina a la tierra,
             tú a volar sin destino.

 

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