Cántico marcial

Yo te anhelaba emancipada,
sin tapujos ni ataduras,
sin la venda
de la falsa moral.

Tú te aferraste
a las complicaciones
y a todas tus argucias.

No concebiste
que te deseaba en libertad.

Marcha militar que encamina
mis deseos
al pórtico de tu cobijo,

uniforme de gala
que exacerba
tus portentos,

retaguardia que ampara
la embestida de mi afán.

Me yergo tras el redoblar
de tus tambores
y el ceñir de tu aliento,

tras las notas del pífano,
que anuncia la llegada
del blasón de la libido,

atributo que instiga
este saludo marcial:
Firmes… ¡ya!

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