Confabulación invernal

En la cruzada
por el poema que lo dijera todo
convergí con tu mirada.

Mujer acústica,
con mirada elocuente
y de ideas astronómicas,

fuiste el conducto para entender,
que cuando ya no es posible
derramar lágrimas
se vierten letras,

que no se necesita
escribir mucho para decir tanto,
no se deben malgastar las palabras,
mucho menos los sentimientos.

Mujer quimera,
                      sazón de otro,
dubitativa sensación de saciedad,

inaplazable tempestad
que viraste mi vida
de invidente a lazarillo.

Hoy me postro a tu recuerdo,
tras las verjas que incautaron
lo que algún día latió
en lado izquierdo de mi tesón.

Y declaro con el último
hilo de voz:

─El amor es tantas cosas,
pero sobretodo
es una trampa del destino.

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