Ocaso de las estaciones

Como epítome de mi tranquilidad
saturaste
todos mis ventrículos.

Después de catorce primaverales meses
tal sosiego
viró en el mayor de los vacíos.

Se abrasó mi cordura
en la canícula de tu desprecio,

lo que condenó mi memoria
a errar
tras tus hojas de octubre,

sin esperanza de traspasar
la estación final,
para emprender un nuevo ciclo.

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