Digresión de una vida sin rumbo

Por mi insolente imaginación,
me atreví a vislumbrar
tus pasos entreverados con los míos.

Nuestros horizontes
forjados como una sublime postal.

Y necesité de tus manos,
de tu aliento, de tus latidos,
como soporte vital.

Como enfermedad autoinmune,
te instauraste en mis venas.

Sibarita de tus encantos,
adicto al vértigo
de nuestros reencuentros.

Traté de capturar el momento
en el que fui feliz y todo tornó azul.

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